ISAÍAS 53: EL CAPÍTULO DE CHOQUE

01/19/2026

Isaías 53 - (Biblia Nacar-Colunga)

1 ¿Quién creerá lo que hemos oído?l ¿A quién fue revelado el brazo de Yahvé?

2 Sube ante él como un retoño, como raíz de tierra árida. No hay en él parecer, no hay hermosura para que le miremos, ni apariencia para que en él nos complazcamos.

3 Despreciado y abandonado de los hombres, varón de dolores y conocido con el sufrimiento, y como uno ante el cual se oculta el rostro, menospreciado sin que le tengamos en cuenta.

4 Pero fue él ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, mientras que nosotros le tuvimos por castigado, herido por Dios y abatido.

5 Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados. El castigo de nuestra paz fue sobre él, y en sus llagas hemos sido curados,

6 Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino, y Yahvé cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros.

7 Maltratado, mas él se sometió, no abrió la boca, como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante los trasquiladores.

8 Fue arrebatado por un juicio inicuo, sin que nadie defendiera su causa, pues fue arrancado de la tierra de los vivientes y herido de muerte por el crimen de su pueblo.

9 Dispuesta estaba entre los impíos su sepultura, y fue en la muerte igualado a los malhechores, a pesar de no haber cometido maldad ni haber mentira en su boca.

10 Quiso Yahvé quebrantarle con padecimientos. Ofreciendo su vida en sacrificio por el pecado, verá descendencia que prolongará sus días, y el deseo de Yahvé prosperará en sus manos.

11 Por la fatiga de su alma verá y se saciará de su conocimiento. El Justo, mi Siervo, justificará a muchos y cargará con las iniquidades de ellos.

12 Por eso yo le daré por parte suya muchedumbres, y dividirá la presa con los poderosos por haber entregado a la muerte y haber sido contado entre los pecadores, llevando sobre sí los pecados de muchos e intercediendo por los pecadores.


Estamos acostumbrados a ver escrito INRI en el título o rótulo que se coloca en la parte superior de los crucifijos. Es habitual escribirlo abreviado, pero sabemos por el Evangelio que el título decía «Jesús Nazareno, rey de los judíos», y que figuraba en tres idiomas: hebreo, griego y latín. Este detalle lo da San Juan (19,19-20), y dice que lo vieron muchos judíos, porque el lugar de la crucifixión estaba próximo a la ciudad. Agregue a continuación que a los dirigentes judíos no les hizo ninguna gracia que dijese aquello de «Rey de los judíos»; preferían que dijera más específicamente que se había proclamado rey de los judíos. Pero Pilatos se negoció a hacerles caso.

en Isaías 41,4, 44,6 y 48,12. Y en Juan 8,28 había dicho a los fariseos: «Cuando levantéis en alto al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que Yo soy». Cuando lo levantaron en la cruz no pudo estar más claro. 

Para más inri (nunca mejor dicho), las iniciales de las cuatro palabras que traducían al hebreo el título de la causa, «Jesus Nazarenus, rex judeorum», coincidían con el tetragrámaton, las cuatro letras que representaban el nombre de Dios y que por respeto ni se atrevían a pronunciar, y que en realidad significan «Yo soy». Cuatro letras cuya pronunciación es Yavé. El Ser por excelencia. «Yo soy el que soy», 

Una curiosidad: י, yod, nombre de la primera letra de Yavé, significa «mano» en hebreo; ו, vav, significa «clavo». Precisamente sobre la cruz en la que se traspasan las manos con clavos, aunque lo más probable es que el escriba que redactó el título por orden de Pilatos ni reparase en ello. Como en las escrituras ideográficas orientales y los jeroglíficos egipcios, la escritura semítica de fenicios y hebreos es figurativa y representaba originalmente algo que empezara por el fonema correspondiente a su letra inicial. En cuanto a la letra ה, he o hei, puede tener significados muy diversos, entre otros mirar, contemplar: el pictograma se veía como un hombre mirando por una ventana, con la vista dirigida al cielo. Puede tener un sentido como el vocablo inglés behold!, que es una llamada de atención hacia algo importante (muy usado en las Escrituras: equivale a «he aquí») y entenderse además, onomatopéyicamente, como un suspiro, que en este caso no sería de queja sino que indicaría asombro ante algo importante (¡oh!). También puede transmitir la idea de revelar y de entregar. El Señor se nos revela y se nos entrega, se entrega por nosotros en la Cruz, y lo vemos en ella.

En apenas cuatro letras, tenemos sintetizada la Redención: las manos del Señor traspasadas por clavos, su revelación o manifestación, su ofrecimiento por nosotros, y todo ello presentado como algo grande y digno de nuestra atención. Además de una profecía mesiánica es todo un compendio teológico. Podríamos agregar también que la letra hebrea tav, que aparece al final de la segunda palabra, tiene una historia muy curiosa: originalmente se escribía como una cruz griega, más tarde se escribió como una equis, y tras dibujarse por un tiempo como una especie de ene evolucionó hasta escribirse definitivamente ת. Esa cruz con que se escribía originalmente se utilizaba para sellar un pacto o alianza. Ahí está el origen de la antigua costumbre de poner un equis para firmar las personas que no sabían escribir, que ya en tiempos cristianos se reforzó con la idea de garantizar la verdad al jurar ante una cruz. Juramos sobre el crucifijo para poner a Dios por testigo de lo que afirmamos, y Él mismo es el nuevo pacto, la Nueva Alianza, en la Cruz. Casi nada.

La palabra Yavé aparece 6 855 veces en las Sagradas Escrituras, lógicamente sólo en el Antiguo Testamento, y cada vez que los judíos leen las Escrituras ven una especie de jeroglífico de la revelación y la crucifixión del Mesías. Lo tienen delante de los ojos y aun así no lo ven.

Bruno de la Inmaculada